Llanto de Granada

Nunca derramó el arte tantas lágrimas

y lo hacía en Granada.

La magia enmudeció pausada,

cayó en manos de malvados alcaldes.

Magia y arte lloraban.

 

Granada suplicaba a los mortales,

por los grandes artistas difuntos

que descansan en los arrabales.

Lorca, Cano, Morente…

Genios de la ciudad encantada.

 

Que no ahuyenten a los artistas,

que les abran la granada.

Que les amen,

que les cuiden,

como siempre les amó Granada.

 

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Fotografía de Cristina Lobo

Guasa

Del tiempo atascado en los relojes…

De un doble adiós perdido en el olvido…

Del miedo raudo que corre de una mano…

De la libertad de estos días presos…

De la fragilidad de los sueños malgastados…

…me río, me río, me río, me río, me río.

 

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Navegar

Ando sumergida sin balsa,

marca invisible del mapa.

Sueño de pellizcos dolorosos,

de abrir los ojos sin despertar

y hallar tus ojos entreabiertos.

 

Son tus ojos dos clavos

que dejas en mi mente

cuando te marchas.

 

Curioseo este paisaje,

fluir de nuevas corrientes

amasando el entendimiento.

Tiempo de asimilar, pues no sé.

Tiempo de flotar de tu mano.

 

Son tus manos dos rosas,

terciopelo que acaricio

cuando me tocas.

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Ínfima

Nada

es lo que sabes de mí,

de esto y aquello que me forma,

de lo que mueve mi tiempo,

de lo que gobierno a sorbos pequeños.

 

De todo, tan poco, que es nada,

de ínfima la nada, que crees mucho.

No tratas conmigo si apenas algo conoces,

no calma la sed

y desinforma.

 

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Abril de mi Primavera

 

Amanece claro el mes de abril

primaveral aroma en la brisa.

Flores blancas del almendro,

flores blancas del naranjo.

 

Sol, duérmete tarde, luce sin prisa,

si llega Luna, compartid un rato,

pues es el cielo hermoso patio.

 

Cuando se rinda el sol florecerán

blancas también

una a una, todas las estrellas.

Que así sea todo el año

Abril de mi Primavera.

 

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Sin palabras

Como cuando te quedas sin palabras

al ver que se acerca

y te retumba el corazón

como si quisiera salir,

como si latiendo tan fuerte

pudiera llegar a tocarle.

 

Como cuando te quedas sin palabras

mientras te saluda

y te pregunta cómo estás,

como si nada,

como si no supiera que hasta los relojes

se detienen cuando habla.

 

Como cuando te quedas sin palabras

y tu respuesta parece un ilegible

telegrama,

porque te has enredado

en sus ojos y en su boca

con tu mirada.

 

Como cuando te quedas sin palabras

y se despide de ti

y tratas de respirar

cada centímetro de su aire.

Y sigues queriendo saber

lo que podría ser

si no te hubieras quedado

otra vez,

como cuando te quedas sin palabras.

 

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BESO SOY – Miguel Hernández

de Cancionero y Romancero de ausencias (1938-1941)

(Antes del odio)

Beso soy, sombra por sombra.
Beso, dolor con dolor,
por haberme enamorado,
corazón sin corazón,
de las cosas, del aliento
sin sombra de la creación.
Sed con agua en la distancia,
pero sed alrededor.

Corazón en una copa
donde me lo bebo yo
y no se lo bebe nadie,
nadie sabe su sabor.
Odio, vida: ¡cuánto odio
sólo por amor!

No es posible acariciarte
con las manos que me dio
el fuego de más deseo,
el ansia de más ardor.

Varias alas, varios vuelos
abaten en ellas hoy
hierros que cercan las venas
y las muerden con rencor.
Por amor, vida, abatido,
pájaro sin remisión.
Sólo por amor odiado,
sólo por amor.

Amor, tu bóveda arriba
y yo abajo siempre, amor,
sin otra luz que estas ansias,
sin otra iluminación.
Mírame aquí encadenado,
escupido, sin calor
a los pies de la tiniebla
más súbita, más feroz,
comiendo pan y cuchillo
como buen trabajador
y a veces cuchillo solo,
sólo por amor.

Todo lo que significa
golondrinas, ascensión,
claridad, anchura, aire,
decidido espacio, sol,
horizonte aleteante,
sepultado en un rincón.

Espesura, mar, desierto,
sangre, monte rodador:
libertades de mi alma
clamorosas de pasión,
desfilando por mi cuerpo,
donde no se quedan, no,
pero donde se despliegan,
sólo por amor.

Porque dentro de la triste
guirnalda del eslabón,
del sabor a carcelero
constante, y a paredón,
y a precipicio en acecho,
alto, alegre, libre soy.
Alto, alegre, libre, libre,
sólo por amor.

No, no hay cárcel para el hombre.
No podrán atarme, no.
Este mundo de cadenas
me es pequeño y exterior.
¿Quién encierra una sonrisa?
¿Quién amuralla una voz?

A lo lejos tú, más sola
que la muerte, la una y yo.
A lo lejos tú, sintiendo
en tus brazos mi prisión
en tus brazos donde late
la libertad de los dos.
Libre soy, siénteme libre.
Sólo por amor.

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Fotografía de Miguel Hernández homenajeando a su amigo, el poeta Ramón Sijé. 1936

Y si la vida

 

Es menester desear una vida hecha de verdad, iluminada.

Lo absoluto no existe.

La plenitud del alma tiene por defecto

algunas farolas apagadas.

Respira. Respira a la luz. Respira en la sombra.

Despierta, busca las farolas encendidas.

En la oscuridad no te detengas, ni en las pesadillas.

Camina cabizalto, a los cabizbajos óbvialos,

pues están y por defecto, estarán.

Acaricia tu propio corazón, que

las asperezas de otras manos no llevan tu nombre

ni sienten el amor de tu alma.

Sufre a solas las miserias que ocultan tus adentros,

pues tuyas son y quizás no estén hechas de verdades.

Y siempre, resucita, hasta que ya no puedas

porque no te deje la vida respirar.

Mientras tanto que el amor te acompañe.

Al miedo déjalo pegado a la suela de tus zapatos.

La vida puede estar escrita, o no. Tú eliges.

Atrévete.

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A mi padre

 

Aunque sobren las palabras, gracias.

Gracias por arroparme tantas noches;

por enseñarme de la vida, los valores;

por regalarme siempre tu tiempo libre;

por avisarme de los peligros, sin sujetarme;

por tratar de guiar mis pasos cuando se perdían.

Será por motivos…

 

También te admiro, lo sabes.

Me encanta y admiro la sencillez de tu alegría

por las pequeñas grandes cosas.

La honestidad en tus principios.

La simpleza de la felicidad en una sola frase:

Que la vida es simple 

y descubrirlo en tu sonrisa

al mostrarme la mejor compra del mercado,

o al decirme que no son churros,

¡Que en Graná son tejeringos!

 

Gracias por enseñarme que el auténtico valor

está en los hechos y no en las palabras

que se lleva el viento.

Aún así quiero regalarte estos versos.

Porque no necesito escuchar de tu boca

lo que me demuestras con tu vida:

Yo también te quiero.

 

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